domingo, 28 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Guardalavaca.


29 de abril
Despertamos temprano y fuimos a la playa a despedirnos de ella.
Descubrimos que algunos de los árboles de mangle ya secos, habían sido tallados con primor y hermosura, no supieron decirnos quien fue o fueron los autores.















Una de estas tallas me trae el recuerdo de aquella canción llamada “La Muralla”















Nos pasamos un hermoso momento despidiendo a la playa, en esos momentos pienso que es el punto más lejano a casa que visitaremos en este viaje, y soy feliz aquí al lado de Lupita.







Aún nos quedan algunos días y cosas que hacer, pero el retorno a Holguín y después a la Habana marcan también el retorno a casa.
Y para no variar nuestro viaje implanificado, son las y los amigos habaneros quienes nos están organizando nuestra estancia en la capital de todos los cubanos.
No bien estamos por llegar al departamento vemos a Don Antonio, ya nos espera.
Decimos adiós a Taidé, dueña del departamento donde nos alojamos y dueña también de una increíble capacidad de no parar de hablar y reír.
Don Antonio nos conduce con pláticas, buena charla y estupendo manejo a Holguín, es ahora que nos cuenta que el cerro de la silla guajira se ve claramente de la playa donde desembarcó Cristóbal Colón, que no es Guardalavaca. Ya no queda bien aquello que había yo pensado en la ida.
En Holguín  Marilyn nos brinda su apoyo y amistad, nos permite descansar y darnos un baño.
Salimos a despedirnos de Holguín, llena de gente buena y de gran corazón.


Mural en Holguín,


Don Antonio nos deja en la estación del autobús, nos espera una noche larga y un amanecer en La Habana.




Lupita en Guardalavaca.

viernes, 26 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Nuestro cocotero.

27 de abril
Salimos temprano a la playa, aunque está algo nublado el día promete, además le preguntamos a Taidé y nos aseguró que el sol triunfaría por sobre aquel tiempo nublado y estaría perfecto para la playa.
Alquilamos unos camastros y bajo un cocotero nos dispusimos a disfrutar de la playa.
Se nos acercó un joven astuto y servicial a ofrecer alimentos a muy buen precio, quedamos que más tarde pues aun no daba el medio día y no teníamos apetito.
Las nubes se cargaron de mucha energía, a lo lejos se escuchaba el inconfundible retumbar de poderosos truenos.
Salí del cocotero y me asomé a la playa, el horizonte se había perdido tras una formidable tormenta que nos caería encima en cualquier momento.
Protegimos todo lo que había que preservar de la humedad y nos guarecimos en una palapa, la tormenta nos alcanzó y llovió y llovió y llovió sin parar.
Y no era una lluvia así no más, era una tempestad, yo ya no sabía si había más agua en el aire o en el mar.


Cuando la tormenta nos alcance.

Un rio se formó justo a nuestros pies, inundó de inmediato la palapa y nos obligó a abandonar el lugar, la magia estaba rota, la tormenta no paraba y ya era algo tarde.
Regresamos al departamento, llegamos hechos una sopa.
Haciendo memoria, no recordamos una empapada tan fenomenal como esta, muy afortunados nosotros pues teníamos puesto el traje de baño, así que disfrutamos tanto como pudimos de la tempestad.









Villa Taina


28 de abril
Salimos temprano con la idea de tomar el transporte local para ir a Chorro de Maita, donde se encuentra un museo local y una excavación arqueológica.
El camión que pasa a las 9:30 no pasó, a las casi 10 pasó un camión pero iba a otro destino, casi una hora después pasó un trenecito y nos dijeron que ese era el bueno, pero que antes tendrían que pasar a un hotel por unos clientes, que regresarían en 5 o 10 minutos.
20 minutos después fue evidente que el dichoso trenecito no regresaría.
Se nos acercó un taxista, nos hizo la plática y en muy poco tiempo nos dijo que nos llevaría a Chorro de Maita, nos esperaría y nos traería de regreso por el mismo precio que nos cobraban en el trenecito.
Aceptamos de inmediato.


Aldea Taina.

Salimos con rumbo al museo de la Aldea Taina, a unos diez kilómetros de Guardalavaca.
En el sitio tienen una reproducción a tamaño natural de una villa taina justo antes de la llegada de los europeos, cabe resaltar el cuidado con que se han puesto las piezas y los personajes de la villa, pero una vez más, estaban reparación y retoque las piezas expuestas  y tenerlas listas para la feria de turismo, incluso una de las cabañas estaba en reconstrucción total, el río de la villa no tenía agua y muchos personajes estaban cubiertos con plástico para preservarlos de la lluvia que también este día se hacía presente.


Vivienda taina.

Por cierto, al llegar al sitio tenían en el restaurante del lugar la televisión prendida, y en pantalla Silvio nos dio la bienvenida.


Sorpresas te da la vida.

Fuimos al sitio de la excavación, se trata del lugar donde se enterraron los difuntos desde tiempos inmemoriales, mucho antes de la llegada de los europeos y se siguió usando para tal fin mucho después.



Hay enterramientos superpuestos, algunos muy antiguos con presencia de artefactos precolombinos y los más recientes son también muy significativos, pues se encontraron esqueletos de procedencia europea, africana y hasta uno de una mujer mesoamericana.



En el sitio nos dieron una muy extensa y amable explicación. También tuve la oportunidad de platicar con uno de los conservadores del sitio, muy amena e instructiva charla.
Salimos a la lluvia que nos acompañó al sitio de la Aldea Taina, los trabajadores y la guía se despidieron de nosotros de manera muy amable.


Los Cayuelos.

El taxista nos traía de regreso, las nubes se disiparon un poco y el horizonte nos brindó la vista de un espectacular mar lleno de verdes esmeraldas y azules turquesas. Al percatarse el buen hombre se desvió del camino tradicional y nos paseó por “los cayuelos”, playas hermosas y solitarias que tendremos que visitar algún día.
Son playas solitarias donde hay que llevar todo lo que se va a consumir, pues no tiene infraestructura alguna, conviene también llevar alguna sombra.
El taxista nos explicó que el nombre de “Guardalavaca” venía por el hecho de que no era este un sitio preferido por piratas y bucaneros, al estar protegido por la barrera de corales, este sitio se convertía en un refugio natural anti piratas, por eso los pobladores locales de aquella época guardaban su ganado en este lugar para evitar ser sorprendidos por los antiguos recopiladores del capital ajeno.
Regresamos al departamento, aún era muy temprano así que nos dirigimos a toda prisa a la playa.
Justo en el momento en que penetrábamos las calmas aguas de aquella hermosa playa, las nubes se disiparon por completo.


Colores del mar

La sensación era que aquellos asombrosos colores corrían a velocidad vertiginosa hacia nosotros, para dejarnos sumergidos en aquella cromática imposible de azul.
Mucho más tarde, llegaron algunos turistas norteamericanos, la actitud prepotente y sus pláticas insulsas y en voz alta los denunciaba, pronto se les unió un grupo con bocina y música bastante malita, pero ni así pudieron acallar la magia del lugar, muy pronto se callaron y apagaron su ruido, derrotados por la sinfonía de la naturaleza.
Aquel joven que el día anterior nos ofreció la comida “servicio a domicilio” apareció de  nuevo, le pedimos el servicio y poco después nos lo llevó, debo decir que fue muy rico y bien preparado, con un precio excelente.
Todo regado por las infaltables Bucanero, cervezas por demás ricas y frías.
Aparecieron también dos individuos que amablemente nos pidieron que nos moviéramos del cocotero por un momento, uno de ellos, el más joven, trepó con agilidad y bajó unos cocos, antes de retirarse nos regalaron uno, estaba rico.
Ya al atardecer regresamos al departamento, mañana a las once pasará por nosotros Don António para conducirnos a Holguín.




Lupita en la playa.



jueves, 25 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba





¡Salud!


26 de abril
Fuimos de nuevo a comprar una tarjeta para recargar el teléfono que tenemos de prestado, la fila es larga y lenta, hay una segunda fila que es atendida de manera rápida y expedita, una linda cubana nos explica que en la fila rápida se paga en moneda nacional y en la otra en divisa, dada nuestra condición de extranjeros nos toca la fila de divisa que es la lenta.
Tras nosotros un extranjero protestaba todo lo que podía, enojado por la aparente lentitud del servicio.
Trataron de explicarle, no sé si entendió pero no dejo de farfullar.
Al fin cuando entramos al local, hicimos otra fila, esta vez sentados, ahí no tardamos tanto. El amigo extranjero entró sin hacer escándalos pero se notaba que seguía su protesta en silencio. Nosotros salimos y aquel se quedó, no lo volvimos a ver.
Regresamos a nuestro cuarto, preparamos nuestros enseres para ir a Guardalavaca.
Marilyn nos consiguió un taxi. Don Antonio, hombre de edad y un excelente manejo nos llevó. El camino es agradable y este hombre es un gran conversador.


Camino a Guardalavaca

Entre otras cosas nos comentó de las escuelas militares que acá les dicen “Camilitos” por Camilo Cienfuegos, también nos contó que Colón llegó a estas playas, que había declarado algo así como “estas son las tierras más hermosas que ojos humanos hayan visto jamás”, que muchas provincias, incluso Matanzas, se disputan tal encuentro, pero que las formaciones geológicas de la región ponen en relieve que es esta zona y no otra la del encuentro.
Uno de los puntos importantes que –según nos dijo- dejó por escrito Colón, es el cerro llamado “Silla Guajira” por estar enclavada en la zona guajira y por el parecido a una silla de montar.
No pude sino admirar la increíble capacidad ocular de almirante, pues el cerro se encuentra a 20 kilómetros de Guardalavaca.
Don Antonio nos dejó en el lugar donde nos hospedaríamos, un pequeño departamento a no más de 200 metros de la playa, nos recomendó un lugar donde comer bueno y barato y se retiró con la promesa de volver por nosotros en tres días.


Relajado.

Guardalavaca es una pequeña población con una de las playas más hermosas que he visto, no es muy larga pero la arena clara y fina invita al descanso y la relajación.
Tras conversar con Taidé, dueña de la villa donde nos hospedamos, bueno, villa villa lo que se llama villa no, es un bonito departamento con aire acondicionado, un baño por cuarto (tiene dos recámaras) cocineta y un agradable patio-jardín.
Taidé es otra gran conversadora, no tanto por los temas que toca cuando charla, sino por su infinita capacidad de seguir hablando aun cuando ella iba subiendo las escaleras de su edificio, y no fue hasta que cerró la puerta de su departamento en el cuarto piso que paró de hablar y reír.
Fuimos a la playa, ya hacía falta.


Playa nublada

Por desgracia se había nublado algo el cielo, los colores no eran tan vibrantes como esperábamos y el agua estaba algo fría, pero el lugar es sumamente agradable.
Estuvimos ahí hasta bien entrada la tarde, en una de esas llegó un grupo de personas con una bocina portátil de alto poder, con música conocida como reguetón, asunto por demás deplorable.
Bailaban y se contoneaban como si algún mal bicho les picara las entrañas y el trasero, no critico, pero ¡Qué feo bailaban estas gentes!
Un asunto que nos ha perseguido constantemente durante el viaje, es este tipo de música sin raíz ni arraigo, en todas partes se escucha tanto el reguetón como a un individuo, no se su nombre, pero canta “Des-pa-cito”
No hay forma de librar aquella losa auditiva.
En otro alarde de agilidad mental me aprendí la letra de aquella canción.
“Tengo la llave de la prima”
Creo que había otro estribillo, no estoy seguro, pero para el caso…
Hay momentos en que cada quien puede hacer de su gusto musical lo que se le antoje, pero aquel ruido nada tenía que ver ante la sinfonía que la naturaleza nos brinda.
Un rato después apagaron su aparato, incapaz de acallar la bella melodía del mar, tomaron algunas cervezas y se fueron.
Se recuperó la paz del lugar.
Ya para la tarde nos regresamos al departamento.



Lupita leyendo.



martes, 23 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.

Plaza Calixto García, Holguín.




25 de abril
Nos despertamos tarde, después del almuerzo preparado por Marilyn salmos con la idea de visitar muchos museos y plazas, pero para variar el calor nos derrotó de nuevo.
Así que solo visitamos un inmueble, La Periquera.
Resulta que este edificio lo mandó construir un individuo que amasó una muy considerable fortuna con la compra- venta de esclavos, así que la casa cuenta con varios patios y habitaciones grandes y frescas.


La Periquera.

Durante la guerra de independencia las fuerzas imperiales españolas se hicieron  fuertes en dicho edificio, la insurgencia los incitaba a salir al grito de “¡Salgan Pericos!” de ahí el nombre de “La Periquera”
Al triunfo de la Revolución Cubana es desde el balcón de este edificio que Fidel dirigió un discurso al pueblo holguinense.


Balcón principal.

Actualmente es un museo que en tiempos de normalidad debe estar bien dispuesto y ordenado.
El asunto es este, la zona se está preparando para la feria del turismo, así que están restaurando y preparando todo lo así lo requiere.


Museo Vivo.

Esto tiene cerrado los museos de Historia Natural y el Museo Vivo, que no pudimos visitar. Por cierto, el museo de Historia Natural está resguardado por dos fieros leones, uno de ellos tiene una cara de espanto, bueno, juzguen ustedes…










¿En qué iba? Ah sí, La Periquera está abierta, pero los pisos superiores están en reparación y mantenimiento, y los encargados colocaron muchas de las piezas a la planta baja.
Es por eso que tenemos una sala muy grande donde podemos observar  relojes antiguos, espadas y sables militares, discos de acetato, hachas tahinas, antiguos entierros y pinturas arcaicas, huesos fosilizados, instrumentos de piedra e instrumentos musicales modernos, la reproducción de una cacería de un león marino, trajes de músicos famosos y muchas, muchas sorpresas más.
Es perfectamente comprensible que esto pase por los trabajos de mantenimiento y –por desgracia- es un asunto absolutamente temporal.
A mí me trajo de inmediato el recuerdo de aquel desaparecido museo del Chopo en la Ciudad de México, donde te encontrabas con el esqueleto de un diplodocus junto a un frasco con escarabajos, piezas arqueológicas de muchos lugares del mundo, el cuerpo embalsamado de un borrego de dos cabezas, las copas que usaban Carlota y Maximiliano en sus banquetes, un oso polar de dimensiones asombrosas, pinturas de artistas famosos y la escopeta de algún olvidado general de la revolución mexicana.


Antiguo museo del Chopo

Alguien, alguna vez ordenó todo este galimatías y dio entrada a museos modernos, asombrosos y poderosos, pero aquel museo del Chopo era único e irrepetible, y en cierto sentido es una gran pérdida su desaparición.


Huesos, piedras, relojes, diplomas, instrumentos musicales...

En el caso de La Periquera, este asombroso desorden, delicioso y espectacular, desaparecerá en cuanto arreglen las habitaciones que preservan todas sus piezas.
Cabe mencionar que preservan piezas como la cartuchera de Ernesto Che Guevara y la cantimplora de Camilo Cienfuegos, también tienen una sala dedicada a la memoria del recientemente desaparecido Comandante Fidel Castro. El sudario con que cubrieron el rostro de José Martí al momento de su muerte se encuentra en esta sala.



Mosaico en las banquetas holginenses.



lunes, 22 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba




Esta placa lo explica todo.
24 de abril.
De nuevo Marilyn nos preparó el desayuno, siempre muy rico. Cabe mencionar que llevamos unas latas de chile en vinagre y chipotles para darle un poco de sabor nacional a estos desayunos.
Tras los alimentos platicamos un rato con Marilyn y su marido, gente convencida del proceso revolucionario pero con  mirada crítica a muchos detalles que según su punto de vista, pueden mejorar.
Fue una charla muy interesante.


Mural en Holguín

El sol está en todo lo alto, el calor es inexpugnable, una vez más somos derrotados en toda la línea por el astro rey.
Compramos una tarjeta de WiFi para conectarnos al exterior, es un tanto engorroso, tanto comprar las tarjetas como conectarse, pero ya establecida la conexión tiende a ser estable aunque se desconecta con frecuencia.


Plaza principal de Holguín. 

Este día comimos pizzas, muy ricas por cierto, encontramos una tienda Egrem y nos agenciamos unos discos buenísimos, la atención de la dependiente es muy buena y el café también está bueno.
Sí, venden discos y café.
En una de esas, Lupita se dio cuenta de que en la portada del disco de “Septeto Cubano” había ocho integrantes.
Le dijimos a la vendedora, miró el disco, señaló al músico más alto y nos dijo:
-Este negro se coló-
Ella es –sin duda- la mejor vendedora del mundo.


Lupita en Holguín.

Al fin, a horas de la tarde salimos al concierto de Buena Fe, con la esperanza de que no se cancelara de nuevo.
Precavidamente tomamos un bicitaxi, si bien el estadio no está lejos, ya se deja sentir un cierto calorcito que no deja de hacerlo sudar  a uno la gota gorda.
Llegamos al estadio, bueno, a la parte de afuera y…


Previo al concierto.

Por fortuna todo estaba dispuesto, encontramos un buen lugar y ahí nos quedamos.
El concierto estaba llamado a las nueve, empezó tarde, media hora tarde, aunque pensándolo bien, se retrasó veinticuatro horas y media.




Comenzó con un dúo de holguineros raperos, la tercera pieza que interpretaron estaba dedicada a Ernesto Che Guevara, un rap para el Che.
Siguió un individuo que entró al escenario con efectos de cascada de chispas y cortina de humo, luego descubrimos que en realidad la robótica (luces) habían hecho corto circuito y se quemaron los cables de alimentación y datos de las lámparas.
En fin, el tipo es un “Disc Jockey” (u como se diga) y algo debe haber hecho bien pues la gente joven  le aplaudía rabiosamente.
En un alarde de memoria me aprendí todas las letras de sus canciones.
En una canción decía “¡Holguín on fire!” y en otra canción  decía “¡Cuba on fire!” y lo repetía y lo repetía y lo repetía... y los jóvenes brincaban y brincaban y brincaban… parecía concurso de chapulines aquello.
Ah, y repetían la letra.
Si, no se requiere mucha memoria para aprenderse aquellas letras.
Le siguió una absoluta sorpresa, si bien habíamos visto anunciado el nombre de los participantes, jamás nos imaginamos que eran ellos ¡El grupo Moncada!


¡¡¡¡Moncada!!!!

Además de los integrantes históricos, cuentan actualmente con la voz de un joven cantante que suena estupendamente.
Al terminar el grupo Moncada siguió el plato fuerte, Buena Fe, muy buena música perfectamente ejecutada, gusto y sabor, canciones inteligentes y comprometidas.















Hubo algunas cosas que no estuvieron tan bien, por ejemplo, el nivel de audio era alto, muy alto y los agudos llegaban fácilmente al umbral de dolor.
Otra cosa fue el alto consumo de bebidas alcohólicas, por todas partes había todo tipo de bebidas y algunos asistentes habían abusado en la ingesta, además tiraron toda clase de basura directamente al piso, sin importarles la existencia de contenedores dispuestos para tal fin.
Tres jóvenes se adentraron en la multitud, se quedaron junto a nosotros pues ya no era posible seguir adelante aunque  su intención era llegar al frente.
Tenían el pelo rapado a lo mohicano y teñido de colores vistosos, la actitud era de reto y desprecio, como buscando pelea.
Recibí un empellón de uno de ellos, al voltear a ver lo vi agachado, sus compañeros reían.
Otra vez sentí un empellón, miré a los tres y vi al mismo joven agachado de nuevo, pero ahora comprendí lo que hacía, le tomaba fotos a la ropa interior de las jóvenes que asistían al concierto.
La Lupita y yo decidimos retirarnos del lugar, no queríamos quedar en medio de alguna trifulca, misma que afortunadamente no sucedió. Esto dio un desafortunado final al concierto, por lo menos para nosotros.
Regresamos a nuestro cuarto a eso de la una de la mañana, Marilyn nos recibió con una sonrisa.
Sí, tomamos un bicitaxi para el regreso.
Espero pronto ver de nuevo al grupo Buena Fe, me gustó mucho su música y al final no son responsables de la actitud de estas personas conocidas por aquellos lares como “los marginales”.